domingo, 23 de octubre de 2016

Kalevi Aho. Un caso especial de neo romanticismo.




La música de Mahler y Shostakovich ha calado muy hondo en el panorama artístico del siglo pasado y también en la actualidad, donde el miedo paralizante, los mundos misteriosos de la magia al estilo de Harry Potter,  El Señor de los anillos, y el terror de lo sobrenatural, son modelos  esenciales  del entretenimiento moderno. Algunos aprendices de brujos han explorado muy bien esas cavernas oscuras, creando obras maravillosas que asombran a todos. Otros mediocres, simplemente hacen Teoría Combinatoria barajando al azar las partituras de obras famosas de estos dos compositores y generando así un número casi infinito de sinfonías.
Un caso especial en esta línea de trabajo de neo romanticismo, viene a ser  Kalevi Aho  compositor finés  que tiene muchos seguidores, nacido en Forssa en 1949. Estudio composición en la Academia Sibelius en Helsinki y luego en Berlín con Boris Blacher. Entre 1974- 1988 ingresa a la Universidad de Helsinki como profesor de Teoría Musical.  Desde 1993 trabaja como un compositor agente libre, con el apoyo de una beca del estado. 

Francisco Rivero. Kalevi Aho. 2016

Ha sido bastante prolífico concentrándose en obras orquestales de gran escala, pero también ha compuesto obras de cámara y corales. Su música posee claras influencias de Shostakovich y Mahler. Al igual que Shostakovich, ya ha alcanzado su sinfonía No. 15. La ultima parece ser la  No. 1|6.
Desde 1992 ha sido compositor residente de la Orquesta Sinfónica de Lahti. Todas sus obras han sido grabadas por esta orquesta, dirigida por Osmo Vanska, bajo el sello Bis.
Segunda sinfonía:
Compuesta en 1970 con una revisión en 1995. Un solo movimiento con una duración de unos 22 minutos. La música va de menos a más en cuanto a calor e intensidad. Bastante parecida a Shostakovich. Se inicia con un adagio algo misterioso en las cuerdas, luego se incorporan las maderas, los metales y finalmente las tubas trombones y percusión. Hay una sección lenta que sirve de segundo movimiento y luego una tercera sección a manera de Scherzo beethoveniano, bastante enérgico en las cuerdas apagadas. Este scherzo crece a la  manera de una danza diabólica hasta llegar a una apoteosis de los metales, en fanfarrias altisonantes, que derivan en un tumulto indetenible.
Al final la música se suaviza y disipa en trinos de flautas y pianísimos en las cuerdas.

Sinfonía No. 4.
Compuesta en (1972-73), en tres movimientos y con una duración de 43 minutos. Es  de fácil audición y bastante conservadora.
Comienza con un movimiento bastante largo y lento (20 minutos): un prolongado adagio para cuerdas al estilo de Shostakovich. Una serie de acordes que van evolucionando poco a poco para formar una melodía. Las trompetas irrumpen con llamados en sus notas agudas, creando un clima de terror, desconcierto e inseguridad. Esta sección de puente nos lleva a otra aún más desgarradora, donde un brote masivo de notas a gran volumen imponen un clímax. La música vuelve a descender en melodías serenas de los violonchelos. Las trompetas entonan de nuevo sus cantos guerreros, anunciando algo importante, pero la música se apaga y debilita, inexplicablemente.
El segundo movimiento es un allegro con algo de humor y sarcasmo, basado en ridículas cabalgatas al mejor estilo de Shostakovich. Subidas y bajadas durante un buen trecho del movimiento, salpicadas de notas erráticas y brinconas;  y el mismo tema, migrando de un grupo de instrumentos a otros, para destacar la maestría de algunos solistas,  mantienen el interés del oyente.
Movimiento final lento con una melodía de una serena ligereza, con una textura tenue  y reflexiva por parte de las cuerdas bajas. Luego una cantinela en los violines con fríos trémolos, que quizás evocan el paisaje finlandés.  Sigue un rumor de flautas y violines. Luego  las trompetas entran de manera pomposa y triunfal ( Al fin!), dando inicio a la sección más expresiva de la sinfonía,  recompensando al oyente con la resolución final de todas las tensiones acumuladas. Sin embargo, una coda final vuelve a la música oscura, pesimista y fría del comienzo.

Sinfonía No. 7 (Sinfonía de los insectos).
A partir de la cuarta sinfonía, la musa Shostakoviana se ha alejado un poco de Aho. Tal es el caso de esta séptima sinfonía, compuesta en 1988. Está dividida en seis movimientos  esta  divertida descripción musical del mundo de los insectos,  algo sumamente intrigante y novedoso. Cada movimiento describe alguna clase de insecto. La obra completa es de  unos 46 minutos de duración.
Primer movimiento (La trampa en una epifita): Se inicia con largos glissandos de los trombones, imitando los movimientos torpes de algún ciempiés. La música es interrumpida  a ratos, a la manera de Mahler, por golpes secos de percusión, sacudidas violentas  y notas disonantes, que crean algo de miedo.
Segundo movimiento: la Mariposa (El Foxtrot y el tango). Movimiento hecho a base de ritmos pegajosos de foxtrot en la primera sección. La segunda sección es un clásico tango interpretado por las cuerdas acompañadas del saxofón.
Tercer movimiento. (El escarabajo pelotero). Es un escarabajo que mueve enromes pelotas de barro con dificultad. Los acordes graves de la tuba y el trombón llevan una melodía algo forzada. Hay momentos de acción y golpes,  por parte de la percusión.
Cuarto movimiento (El Grillo). Las cuerdas dobles en los violines imitan el sonido estridente del grillo. Hay bellas notas del glokenspiel, la marimba, el arpa  y las flautas que adornan con sus trinos un paisaje lleno de vida animal.
Quinto movimiento: (La hormigas). Una marcha lenta marcada por el trombón. La caja y el bombo marcan el ritmo, mientras los tiempos se aceleran poco a poco. El triángulo, la caja china y las tablas de madera también se escuchan, en una vorágine de sonidos. Concluye en una marcha algo vulgar y distorsionada en el mejor estilo de  Mahler.
Sexto movimiento: (dayflies) Es el movimiento más largo. Una suave melodía con  arpegios arrulladores  introduce un vals algo indeciso.  Hay una sección intermedia de carácter triunfal con fanfarrias en las trompetas que anuncia la segunda parte, que nos hace suponer será algo más festiva y expresiva, pero nos quedamos con las ganas. Una cantilena triste por parte de las maderas pone un acento melancólico al final bastante decepcionante.

Sinfonía No. 9 (Para trombón).
Sería injusto decir que el compositor Aho no posee un lenguaje propio e individual y calificarlo como  un epitome de Shostakovich y Mahler. Prueba de ello es esta bella sinfonía, de mucha creatividad,  en donde no se nota ninguna influencia de estos dos autores. Compuesta en 1993-94 es una obra en tres movimientos de unos 31 minutos de duración.
El primer movimiento de gran belleza y dinamismo, de una textura bastante densa,  lleno de ideas musicales. La música, afirmativa, se expresa con claridad y emoción. Abre con una especie de fanfarria en los metales. Luego sigue una sección bastante barroca en ritmo de sarabanda que nos recuerda a Handel. Luego se van incorporando todos los instrumentos en una danza final lentamente primero y luego creciendo para llegar a una apoteosis, tipo Bolero de Ravel.
Segundo movimiento lento y tranquilo, con el trombón entonando una melodía elegíaca en notas aumentadas.


Minea – Música Concertante. 2008.
Un poema sinfónico en un solo movimiento de unos 20 minutos de duración. Posee elementos del folklore árabe. Se inicia con unos acordes bajos del piano  que sirven de preámbulo a una melodía algo sinuosa y misteriosa, de carácter árabe, primero  ejecutada por  el oboe y luego los metales. Después se intercalan algunos episodios, bastante  dramáticos algunos de ellos, con un  tumulto de percusión, con otros más calmados en donde la  melodía misteriosa del oboe, rompe el eco  y el leve murmullo de unos lejanos  tambores.

Concierto para Contrabajo y orquesta.
Un concierto en cinco movimientos, compuesto en 2005. El primer movimiento dramático, de una textura bastante densa posee una excelente orquestación. El segundo movimiento es la primera cadencia. Textura bastante reducida y minimal. El tercer movimiento es el más interesante por la rica percusión, con bongos, el  col legno de los violines  en largos glisandos y los vientos. Termina con la intervención del contrabajo en quejidos de registros muy bajos. Una segunda cadencia nos envuelve en una atmosfera irreal,  casi de silencio absoluto, salvo el tintineo de glokenspiel y la ronca intervención del contrabajo. Culmina la obra con un movimiento final más expresivo en cuanto a melodías. El fagot entabla un dialogo con el contrabajo. Poco a poco se une toda la orquesta para concluir  una intervención espectacular  de los metales, el gong y los platillos. La obra culmina con una descarga de congas y tumbadoras bastante movida.
Sinfonía No. 15.
 En   cuatro movimientos, con una  duración total de unos 31 minutos, fue compuesta en 2009-10. Se nota cierto agotamiento creativo y sequedad de ideas en este compositor, que cae en formulas repetitivas… Sin embargo es música de películas, grata para escuchar y dejarse relajar.
El primer movimiento abre con las notas cavernosas de un Theremin, aderezadas con campanitas, en acordes ondulantes que crean una atmosfera de magia. A esto sigue una sección bastante agitada de contrastes de ritmos y timbres, con una buena intervención de las maderas de viento.
En el segundo movimiento hay poca acción al comienzo. Textura tenue y delicada a base de pequeñas notas diseminadas y la progresiva intervención del  grupo de percusión con instrumentos árabes y latinoamericanos, van creando un clima más cálido.
Un tercer  movimiento con un inicio en  notas cristalinas del glokenspiel. Una violenta intervención del trombón causa sorpresa y amenaza con iniciar algo que nunca llega.
Ultimo movimiento que repite la misma estructura de los tempos de los tres anteriores. Lento – Allegro-Lento. Sin embargo en éste hay momentos felices, con algo más de vigor, auto determinación  y expresividad. 




martes, 28 de junio de 2016

Alfredo Casella: entre dos mundos.




El nombre de Alfredo Casella destaca muy alto  en el panorama musical italiano de la primera mitad del siglo XX por sus obras de corte neoclásico. Basta nombrar la Partita (1924-25) y Scarlattiana (1926), ambas para piano y orquesta; el Concerto romano (1926), para órgano, metales, timbal, cuerda y orquesta; el Concierto de violín (1928); el Concierto de violoncelo (1934-35); y la Paganiniana, un divertimento para orquesta (1942).

Casella. Francisco Rivero. 2016.

Este compositor nació en Turín en 1883, en el seno de una familia con gran tradición musical. Su abuelo ejecutaba el violonchelo y  fue amigo de Paganini. Su madre pianista le dio al niño las primeras lecciones. Estudió en Francia bajo la dirección de Gabriel Fauré y allí recibió ciertas influencias de los impresionistas, aunque se inclinó un poco más por lo romántico. Fue un pianista y director de orquesta notable. Estrenó en París la segunda sinfonía de Mahler, lo cual le sirvió de inspiración para su Sinfonía No. 2  en do menor, una obra poco conocida, pero entretenida, variada y llena de finos detalles.
Compuso tres sinfonías a lo largo de su carrera. Obras de gran envergadura que no escapan de la influencia de Richard Strauss, como la Primera, estrenada en 1905. Luego, manteniéndose en esta misma línea,  sigue un Poema Sinfónico Italia de 1909.
Después de abandonar el lenguaje tradicional hipercromático de las pesadas y serias armonías de Strauss y las tenebrosas elucubraciones de Mahler, su paleta musical se vuelve clara y luminosa, la textura rala y las melodías alegres, irrelevantes y sencillas. La influencia de Stravinsky se hace presente. Se dedica a la música de cámara y composiciones más pequeñas. En especial, su obra Serenata para pequeña orquesta Op.  46, nos encontramos con un compositor neoclásico, muy cercano a Francis Poulenc y Joaquín Rodrigo.
La obra que mejor representa esta segunda etapa es la Suite La Giara (La Jarra) para un ballet o comedia coreográfica en un acto de Luigi Pirandello (1924).
Gracias a Dios, este alejamiento de lo tradicional, tampoco significó caer en las tentaciones de los vanguardistas de su época. Fue un hombre pragmático que trató de crear un lenguaje propio, italiano, de corte nacionalista (Fascista según algunos). Según un crítico de la época (equivocado por supuesto): el apoyo prestado por él, al régimen fascista y su concepción de una música mediterránea adecuada a las características de la música latina, lo indujeron a un apriorismo teórico que no le permitió avanzar con real coherencia en la exigencia de renovación de la música que había sentido vivamente en su juventud.


domingo, 10 de abril de 2016

Mieczysław Weinberg: La Poética de la resistencia.




El músico ruso de origen polaco Mieczysław Weinberg (1919-96) es poco conocido, en comparación a sus contemporáneos más famosos como Shostakovich, Prokofiev y Myaskovsky.  Sin embargo su música ha vuelto a escucharse después  de su muerte y se le ha revalorizado en estos veinte años.  Contamos con buenas grabaciones de sus sinfonías, música de cámara y conciertos, gracias a la esfuerzo de las casas disqueras como Olympia, Naxos, Chandos,.., etc. Hoy en día está considerado como uno  de los  músicos más prolíficos y creativos del siglo XX.  

 
Francisco Rivero. Weinberg. 2016.
Nació en Varsovia en 1919, hijo de un violinista y compositor de un teatro judío en esta capital. A la edad de doce años comienza los estudios formales de piano en el Conservatorio de Varsovia.
Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, emigra a la antigua URSS, viviendo primero en Minsk donde estudia con  Vasily Zolotaryov (1872–1964), un alumno de Balakirev y Rimsky-Korsakov. En 1941 se muda a Tashkent y trabaja en el teatro de la Opera. 
Un punto de quiebre en su carrera ocurre en 1943 cuando completa su Primera Sinfonía y le envía la partitura a Shostakovich, quien le responde manera entusiasta, invitándolo a Moscú, donde Weinberg iría a permanecer hasta su muerte en 1996. A partir de entonces se convierte en su amigo personal y alumno. La colaboración entre ambos músicos fue fructífera en términos de una sana competencia en cuanto al número de obras: Shostakovich 15 sinfonías, Weinberg 22. Shostakovich 15 cuartetos de cuerda. Weinberg 17 cuartetos de cuerda. Los dos amigos se mostraban sus partituras  de nuevas obras  a estrenar, tocaban a dúo el piano y discutían  asuntos de composición  y de estética.
La música de Weinberg posee fuertes raíces judías en cuanto a los ritmos del folklore. Sin embargo no utiliza los timbres chocantes ni las ironías, tan de moda en aquel medio artístico de occidente,  como lo hizo Shostakovich. Su música es discreta por el uso esencial de los medios sinfónicos,  y profundamente humana. Posee una técnica mesurada, sentimental  y refinada, que logra  expresar la sensibilidad de un gran artista que vivió en una sociedad llena de traumas por las guerras y las persecuciones. Por tal motivo fue considerado injustamente y se le etiquetó como un músico conservador, neoclásico y conformista. Un músico complaciente con la línea oficial del partido insertada en el Realismo Socialista. Nada más alejado de la verdad, como uno puede constatar cuando escucha sus obras con atención y descubre elementos originales,  valiosos y de gran libertad creadora, que denotan una personalidad única.
Por ser judío soporto la persecución velada del régimen socialista de la URSS, lo cual no impidió que compusiera operas basadas en autores como Dostoyevsky, Dumas, Gogol  y George Bernard Shaw, las cuales tuvieron buena aceptación. Como se sabe, Shostakovich muere en 1975 y Weinberg le sobrevive por 21 años. Como homenaje a su maestro compone su Sinfonía No. 12, con temas que recuerdan los del gran músico.