Esta obra es un arreglo de la Serenata OP. 25, escrita en 1801. Fue escrita por una editorial, corregida por el propio Beethoven y publicada en 1803. La obra posee la frescura e ingenuidad de las serenatas de Haydn y los divertimentos de espíritu ligero del siglo XVIII.
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| Francisco Rivero. SErenade. |
La misma contiene 7 partes:
1. Entrada. Allegro 3:18.
2. Tempo ordinario d’un minueto 4:27.
3. Allegro molto 2:01.
4. Andante con variazioni 6:56.
5. Allegro scherzando e vivace 1:28.
6. Adagio 1:35.
7. Allegro, vivace e disinvolto 3:49.
Discografia:Evi Pfefferle. Flauta. Egino Kepler. Piano. Cavalli Records. 1995.
Serenatas para todos los gustos.
La Serenade o serenata es un genero musical bastante usado por los grandes maestros de la música clásica. Básicamente, consiste en una suite de piezas que se alternan en tiempos rápidos y lentos de carácter ligero. Fue un genero cultivado por Mozart quien nos dejó unos bellos ejemplos como la famosa serenata para cuerdas ¨Eine Klein nach musik¨ o bien la serenata del Postillón para instrumentos de viento.
La música de vientos para ser tocada al aire libre cayó en desuso con el movimiento romántico de inicios del siglo XIX. Ningún compositor serio quería componer música de vientos para entretener. Beethoven llego a decir que odiaba su septeto OP. 20, el cual ya hemos comentado, y que deseaba quemarlo. Sin embargo era su obra más admirada por el publico inglés.!
Sin embarg Franz Schubert compuso su octeto en Fa mayor D803 en 1824, siguiendo el modelo del Septeto de Beethoven, con la misma instrumentación y la adición de un violín. . y al igual que Felix Mendelssohn con su octeto para cuerdas, que son casi serenatas. Sin olvidar a Spohr y su noneto...
Pero fue Johannes Brahms quien retoma el genero de la serenata, que había permanecido en desuso, con un par de serenatas para orquesta compuestas en 1854. Para el joven Brahms la serenata nació como un noneto para vientos y luego lo convierte en una obra orquestal. Se sabe que fue una preparación a sus grandes sinfonías que comenzó a escribir veinte años más tarde. A partir de entonces cada gran compositor compone su propia serenata en una especie de torneo por deslumbrar al publico con una obra que combina la belleza con el virtuosismo.
Entre las cosas que no se puede uno perder como melomano están la Serenata para cuerdas de Tchaikovsky en Do Mayor, OP. 48 y la de Antonin Dvorak en Mi mayor OP. 22. Ambas son obras maestras de gran belleza, con temas románticos para enamorarnos de esta música de serenata.






