miércoles, 22 de agosto de 2012

John Corigliano: El color que sale de la música



Las sensaciones sonoras inspiran colores y luces en algunas personas más sensible s que otras a este tipo de cosas. La asociación de ideas entre distintos tipos de artes ha sido bastante productiva. La historia lo confirma con bellos ejemplos de obras musicales inspiradas en pintura, poesía y arquitectura. Los románticos como Schubert y Berlioz se inspiraban en los cuentos de Hoffman y los poemas de Goethe, Heine y Novalis. Los impresionistas como Debussy expresaron en música los estados de ánimo  e imágenes sugerentes  de las poesías  de Mallarmé.
Uno puede pintar la música que escucha. Esto puede sonar extraño y hasta ridículo para algunos. Sin embargo no deja de ser interesante, pues   este proceso es semejante a la asociación natural entre música y movimiento que se da en el baile. Pensemos que en vez de mover nuestro cuerpo movemos lápices de colores sobre un pedazo de papel. Al final quedarán las marcas del recorrido, guiado por la música. El color se ordena de acuerdo a un plan secreto que subyace dentro de la composición y que no se puede expresar en palabras.
Francisco Rivero. John Corigliano. 2013.

Hay que dejarse llevar por esta experiencia sinestesia  en las horas tranquilas y lucidas de la mañana cuando nuestro cerebro esté libre de contaminaciones visuales y sonoras. La condición sine quanon debe ser buena música para lograr una acertada sinergia y compenetración  profunda entre sonido y espíritu. Cualquier tipo de música no sirve para esto. Nada de Vivaldi o Mozart como música de fondo. Debe ser música moderna,  expresionista que llegue  bien  adentro hasta lo más profundo del ser. Música que transmita energía creadora.
 Hoy escuché el Concierto para violín de John Corigliano compuesto en 2005, llamado también El Violín Rojo, en honor a la banda sonora de la película. Posee influencias de Shostakovich y Bartok. No he visto el film, ni me interesa, para poder comprender y apreciar la obra. La música expresa muchas cosas distintas para cada persona. En fin, fue una experiencia sinestética enriquecedora, que me hizo vivir la música.
 La siguiente es una versión de la Orquesta Sinfónica Simon Bolívar de Venezuela


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