sábado, 23 de enero de 2016

Thomas Adès. Rompiendo con su música, las controvertidas barreras entre Sibelius y el Rock.




La música del nuevo siglo XXI, con su carácter pragmático de maquina centrifugadora de estilos, no se detiene ante nada. Toma ventaja de las vanguardias de los años 60, el rock, la electrónica y por supuesto los compositores clásicos del pasado. Este pluralismo pragmático crea una nueva cultura de mezclas insospechadas de gran acción y atrevimiento que sorprende al oyente. 

Francisco Rivero. Ades.2016.


El británico Thomas Adès, nacido en 1971, se proyecta  el líder en su país de esta corriente con obras que lo han catapultado a la fama como Asyla (1997), una composición  sinfónica en cuatro partes, que combina diversas influencias, desde los clusters inquietantes de Ligeti que crean atmósferas caóticas,   pastosos glissandos de cuerdas en escalas microtonales, golpes secos de tambores en crescendos ostinados típicos del Rock, tintineo sutiles de campanillas y como marco de referencia  los vastos paisajes sonoros de Sibelius. El compositor, según sus palabras,  busca un Asilo en cada estilo y de allí proviene el nombre tan misterioso de esta obra.
Interesante es también es su Quinteto para piano (2001), una obra diferente, de mucha frescura y libertad, compuesta a base de capas de música que a veces se contraponen, creando texturas complejas pero en los moldes clásicos. Presenta notables desarrollos en escalas ascendentes y descendentes en el piano. De repente, en medio del diluvio de aquellas sonoridades algo disonantes, caen algunos caramelos del cielo que nos endulzan. Entonces ceden las texturas complicadas y surgen bellos pasajes románticos con melodías que recuerdan a Brahms.


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