miércoles, 27 de mayo de 2015

Escuela Romántica Escandinava.




En los últimos años, gracias  a los avances de tecnología de grabación y los discos compactos de amplia difusión por su costo bastante bajo, se ha revivido gran parte de la música clásica que permaneció olvidada durante largos años. Música relegada a un segundo plano o discriminada injustamente por las nuevas tendencias  musicales, la política de los gobiernos y las modas. Tal es el caso del Romanticismo Musical Escandinavo una escuela bastante vigorosa que, ocupó espacios importantes en las salas de conciertos a nivel mundial y dejó una huella imborrable en la historia musical desde los  finales del siglo XIX  hasta mediados del siglo XX.
Dicha escuela nos ha dejado grandes sinfonías y conciertos dentro de un estilo suave, opulento y meditativo, gracias al empleo de una gran orquesta portadora de un sonido de amplios matices y refinamientos. Música bien hecha en la depurada tradición sinfonista germana y  elaborada a base de  armonías que seducen al oído. Es sencillamente música bonita y agradable que nos hace relajar al transportarnos a paisajes soñados de heladas tundras en Laponia, fiordos y pequeños pueblos de pescadores, lagos bucólicos en donde se reflejan las nubes nacaradas del atardecer y dilatados bosques de pinos. ¡ Cómo no saborearla. ¿ Por que nos hemos de privar de semejante placer?


Los primeros compositores escandinavos se inspiran en las grandes obras de los románticos alemanes como Brahms, Bruckner y Wagner. Posteriormente incorporan elementos de tipo nacionalista y folclórico  para acentuar su procedencia local en sus obras, siguiendo los ejemplos de Sibelius y Nielsen.
Como máximos representantes de la rama sueca de este Romanticismo Nórdico se tienen alos compositores Wilhelm Stenhammar ( 1871-1927), Kurt Atterberg ( 1887- 1974), Tor Aulin ( 1866- 1914), Hugo Alfven ( 1872- 1960), Johan Svendsen ( 1840-1960) y Wilhelm Petterson Berger ( 1867-1942).  Todos ellos creadores de largas sinfonías y conciertos que inexplicablemente han estado ausentes en las salas de conciertos, pero que sin embargo, han sido reivindicados en grabaciones de buena calidad por el sello alemán CPO.
Es música dulce como la miel, ideal para aquellos admiradores de Rachmaninov, Sibelius y Tchaikovsky que buscan melodías fluidas y ensoñadoras para sumergirse en un mundo libre de preocupaciones cotidianas.
Escuchemos la tercera sinfonia el músico Kurt Atterberg, una de sus mejores obras


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