domingo, 25 de abril de 2010

Samuel Barber



Samuel Barber
Su música expresa la suavidad del viento que acaricia con dulzura los campos en primavera.

El afamado compositor norteamericano Samuel Barber, nació en West Chester, estado de Philadelphia en 1910. Fue un músico prodigio que a los siete años componía obras vocales e instrumentales. A los diez años escribió una opereta The Rose Tree, basada en un libreto de un cocinero de su familia. Su talento musical fue canalizado por un tío y una tía: el primero era el compositor Sydney Homer, quien lo apoyó durante 25 años de su carrera y le indujo el gusto por las obras románticas y su tía era Louise Homer una contralto. A los 14 años ingresa en el Instituto Curtis de Música donde estudia el piano bajo la guía de George Boyle, el canto con Gorgona y la composición con Scalero. En dicha institución conoce a Gian Carlo Menotti, famoso compositor de ópera quien será su amigo inseparable de toda la vida. Entre ambos se estableció una relación profunda tanto profesional como espiritual y estética. En 1934 se gradúa y realiza un viaje a Europa para perfeccionarse, estudiando en Italia y Viena. Al regresar a los Estados Unidos inicia una exitosa carrera como barítono.
En 1935 gana el Premio de Roma, lo cual le permite estudiar y establecerse por dos años en esa ciudad (1935- 37). Allí completa su Sinfonía en un movimiento, obra que tuvo inmediatas presentaciones en Roma, Cleveland y Nueva York. A Barber se le abren las puertas de la fama al ser ejecutada esta obra, por Rodzinski, en el Festival de Salzburgo de 1937.
A partir de entonces compone obras solicitadas por prestigiosos directores y solistas. Entre ellas tenemos la Segunda Sinfonía (1944), comisionada por la US Army Airforce; el Concierto para violonchelo (1945) dedicado a Garbousova; La canción orquestal Knoxville: Summer of 1915, comisionada para la soprano Eleanor Steber y la partitura del ballet Medea (1946) para Martha Gram. Una de las obras más conocidas y grabadas de Barber es sin duda alguna el Concierto para violín (1939), de belleza clásica y merecedor de un sitial de honor al lado de las creaciones inmortales de la música del siglo XX.

Adagio para cuerdas

Esta pieza escrita en Roma en 1936, es un arreglo para orquesta de cuerdas, del movimiento lento del Cuarteto de Cuerdas Op. 11 en si menor. La partitura fue enviada al director italiano Arturo Toscanini para una serie de conciertos, siendo estrenada el 5 de Noviembre de 1938 con la Sinfónica NBC en una transmisión radial. El adagio tuvo un gran éxito y desde entonces es una de las piezas del sigo XX más ejecutadas.

Comentarios:
1. ¿Hasta donde es posible mantener una nota en el tiempo? Las melodías de Barber que cautiva al oyente en la intimidad de su alma, se construyen con largas notas de pedal, sustentadas casi al infinito, lo cual una sensación profunda de soledad, tristeza y nostalgia
2. El adagio es una melodía sencilla desde el punto de vista técnico, pero con cambios de modalidad algo complejos, que ayudan a crear una atmósfera de gravedad de gran belleza. La obra se inicia serenamente con la melodía principal por parte de las violas y violoncelos. Luego el tema es retomado por los violines y desarrollado hasta los registros más agudos en donde alcanza un clímax en notas alargadas y desgarradoras. Después de una pausa prolongada el tema pasa de nuevo a los violoncelos que lo ejecutan suavemente con aire de resignación hasta que la melodía se disipa de manera imperceptible.
Discografía:
1. Leonard Bernstein. Los Angeles Philarmonic Orquestra DG.1983.
2. Yoel Levi. Orquesta Sinfónica de Atlanta. Telarc-1992.
3. William Boughton. English String Orquestra. Nimbus Records.

Concierto para violín.
Una obra llena de gracia, exquisitez y encanto, que se ha ganado un puesto importante en el repertorio es el Concierto para violín Op. 14 de Samuel Barber, compuesto en 1939. El concierto es de unos 22 minutos de duración se estructura en tres movimientos:
1. I. Allegro 10:21.
2. II. Andante 8:11.
3. III. Presto in moto perpetuo 3:50

Comentarios:
1. Barber es un músico que permaneció ajeno a todas las experimentaciones de vanguardia. Su estilo es tradicional y romántico. Siempre escribió música lírica y expresiva dentro de los moldes tradicionales del siglo XIX. Su música es tonal construida a base de armonías triádicas y rara veces emplea alguna disonancia. Sus melodías son claras, bonitas y cautivantes, demostrando una facilidad compositiva, libre de complicaciones, propia de un Mozart.
2. El primer movimiento, en forma de sonata clásica, presenta dos temas contrastantes que se exponen de acuerdo a la conocida formula secuencial: Presentación, desarrollo, recapitulación. La composición es equilibrada en todo momento en la correcta articulación del dialogo entre el violín y la orquesta.
3. El segundo movimiento se inicia con una suave y ondulante melodía por parte del corno inglés. Es una bella música que va migrando, primero hacia los violines y las violas, luego a las maderas y finalmente es tomada por el solista que la desarrolla en todo su potencial expresivo. Llegamos a una especie de diálogo íntimo, de gran virtuosismo entre la orquesta y el violín, que se eleva hasta un clímax bastante vivo y apasionado.
4. El tercer movimiento despliega un ágil y acelerado juego melódico que se desarrolla en base a un ritmo de danza sumamente complicado llevado por el violín de manera casi frenética. El movimiento perpetuo describe figuras musicales sin descanso alguno.
Discografía:
1. Isaac Stern. Filarmónica de Nueva York. Leonard Bernstein. Sony. 1997.
2. Itzhak Perlman. Orquesta Sinfónica de Boston. Seiji Ozawa. EMI. 1994.

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