lunes, 26 de abril de 2010

Isaac Albéniz



Isaac Albéniz
Un genio del teclado y viajero incansable, que supo captar en sus creaciones el alma española.

Isaac Manuel Francisco Albéniz (1860-1909), hijo legítimo de Don Ángel Albéniz y de Doña Dolores Pascual de Figueras, ambos naturales de Vitoria, nace en Camprodón en la provincia de Gerona, el 21 de mayo de 1860. Su padre, un administrador de aduanas se traslada a Barcelona, al año de nacido el infante, y allí el niño inicia su aprendizaje. Se cuenta que le gustaba la música desde pequeño y que se quedó asombrado la escuchar por vez primera una banda militar. Su hermana Clementina lo introduce en el piano. Fue un niño prodigio de la música, que a los cuatro años de edad ofreció un recital de piano, organizado en el Teatro Romea de Barcelona. Luego vino Madrid, en donde se presentó en un café. Su padre, emocionado por el genio de su hijo, lo llevó de gira por toda España.

Con una beca que recibió del Rey Alfonso XII de España, entró en el Conservatorio de Bruselas en 1876, graduándose en 1879 con un primer premio en piano, que le fue otorgado de forma unánime. Estudió allí la técnica del teclado con el joven virtuoso Luis Brassin, alumno de Moschels y autor de un tratado titulado “Escuela moderna del piano”. Después de aprender todos los secretos del piano, se dedica a componer algunas obras, dentro del estilo romántico pianístico de Franz Lizst, con largas improvisaciones. Era tanta su admiración por Lizst que hizo un viaje a Hungría en 1880, para ver al gran maestro, con una carta de presentación del Rey de España. No se sabe a ciencia cierta si el encuentro entre Albéniz y Lizst se dio en realidad en Budapest, pero el joven músico de veinte años afirmó haber tocado dos obras suyas y la Rapsodia Húngara delante del maestro. Albéniz fantaseaba con esto por el resto de su vida para crear una imagen de artista legendario.
Albéniz regresó a España para establecerse como un experto virtuoso. A comienzos de 1881 hizo un viaje a Cuba, Méjico y Argentina, cosechando éxitos como virtuoso en todos los lugares donde se presentó. Volvió a España empezó a componer y a dirigir. También escribió tres zarzuelas, aunque ninguna de ellas se conserva actualmente. En 1883 se estableció en Barcelona, donde estudió composición con Felipe Pedrell (1841-1922). Este maestro poseía una sólida formación académica como músico serio y además era promotor de una escuela nacionalista española, que daría sus frutos con los nombres de Albéniz, Granados y Falla. El encuentro con Pedrell fue decisivo en su formación como genio creador.
En 1885 se trasladó a Madrid. Cada vez más, Albéniz incorporaba sus propias composiciones en sus recitales. De esa época es el “chopinesco” Concierto Fantástico. Sus primeras partituras importantes, donde incorpora los elementos del folklore español van a saliendo a la luz: La Suite española, los Recuerdos de viaje y la Rapsodia española.
En la primavera de 1889 viajó a París, donde apareció en los Conciertos Colonne en un recital que incluía su Concierto para piano, op. 78. Desde París siguió hasta Inglaterra, donde sus interpretaciones le aportaron un éxito al instante. En 1890 se Albéniz se trasladó junto a su familia (su esposa Rosina y sus tres hijos) a Londres, y en esa capital se introdujo en el mundo del teatro musical, trabajando en el Teatro Lírico y más tarde en el Teatro Príncipe de Gales. Un día el empresario y baquero inglés Francis Money-Coutts, le propuso un jugoso contrato en donde le pagaba una renta mensual de 200 libras a condición de componer la música de tres óperas con libretos suministrados por el protector. De esta comisión nacieron las tres óperas inglesas Henry Clifford, Pepita Jiménez y Merlín. La más notable de ellas, en donde Albéniz se sintió más a gusto, fue Pepita Jiménez, basada en una novela del mismo nombre de Juan Valera.
En Paris estableció amistad con los músicos mas notables del momento: Vincent d'Indy, Ernest Chausson, Charles Bordes, y más tarde con Paul Dukas y Gabriel Fauré, formando estrechos lazos con la comunidad musical francesa. Desde 1898 hasta 1900 enseñó piano avanzado en la Schola Cantorum, pero a causa de su pobre salud, en 1900 regresó al cálido clima español.
Murió en Aquitania, Francia el 18 de mayo de 1909.

Ana Vidovic performing Isaac Albeniz's Asturias at the New York Guitar Festival's third biennial Guitar Marathon at the 92nd Street Y's Kaufman


Suite Española

La Suite Española Op. 47 del compositor español Isaac Albéniz es una obra para piano bastante conocida por el público. Está conformada principalmente por obras escritas entre 1886 – 87. y dedicadas a la Reina de España.
La obra se divide en ocho secciones. El primer título indica el lugar de donde procede la música y el segundo, entre paréntesis, indica el ritmo de la composición. Esto no debe tomarse tampoco al pie de la letra, pues la pieza titulada Asturias es netamente andaluza en cuanto a la música.
1 Granada (Serenata) 5:06
2 Cataluña (Corranda) 2:35
3 Sevilla (Sevillanas) 4:36
4 Cádiz (Canción) 4:31
5 Asturias (Leyenda) 5:59
6 Aragón (Fantasía) 4:23
7 Cuba (Capricho) 5:22
8 Castilla (Segundillas) 2:55
Comentarios
1. Esta obra se inscribe dentro de la corriente nacionalista relacionada con el Romanticismo. Albéniz estaba entonces bajo el influjo de Felipe Pedrell, quien lo apartó de la música de salón estética europeística y lo atrajo hacia el nacionalismo, en este caso español. Pero, por otro lado, el suyo es un nacionalismo pasado por el tamiz del refinamiento y la estilización.
2. Es una obra llena del encanto y la voluptuosidad misteriosa de la música española. Asturias es acaso la más conocida de todas las piezas de esta Suite. El autor la subtituló Leyenda. Pese a su adscripción a la región cantábrica, evoca una soleá de sabor hondo y andaluz, con una copla de sabor también andaluz.
3. La estructura de todas estas piezas es ternaria: Danza-Copla-Danza.
4. Existe una versión orquestal que ha sido bastante grabada.

Discografía:
1. Alicia de Larrocha Piano. Decca. 1998.
2. Rafael Fruhberck de Burgos. Orquesta Filarmónica de Londres. London 1984.

La Suite Iberia


La Suite Iberia, que lleva por subtítulo “12 nouvelles impressions” es la composición más importante de Albéniz. Consiste de doce piezas para piano compuestas entre 1906 y 1909. Son imágenes descriptivas que evocan la nostalgia del autor por diversos lugares y ambientes de España, en su retiro francés.
La obra se divide en doce secciones.

1. Evocación 5:47
2. El Puerto 4:04
3. Corpus Christi 8:36
4. Rondeña 7:18
5. Almería 9:54
6. Triana 5:01
7. El Albacín 7:39
8. El Polo 6:50
9. Lavapies 6:30
10. Málaga 5:04
11. Jerez 9:58
12. Eritaña 5:25

Comentarios:
1. Muchos críticos coinciden en que Iberia es una de las obras fundamentales de la literatura para el piano, comparable a los Estudios y Baladas de Chopin, las Imágenes y Preludios de Debussy, los Estudios trascendentales de Liszt y las Sonatas de Beethoven. Iberia fue en su época una obra que tuvo mucho impacto, siendo grandemente admirada por Ravel y Debussy.
2. La técnica de manos cruzadas, la acciatura, consistente de la introducción de una nota extraña tocada al mismo tiempo que una nota verdadera, los trinos y sus armonías rebuscadas sorprenden al oyente. Por esta razón fue poco comprendida por el público y los compositores de comienzos de siglo. Sin embargo, un músico más moderno como Oliver Messiaen se expresa muy bien de ella: “Se puede amar u odiar con locura esta música brillante, luminosa, generosa, expansiva. Pero existe un punto en el cual todos los pianistas y músicos estarán de acuerdo: nunca ha ido tan lejos la escritura del teclado. Iberia tiene su lugar – tal vez el más alto- entre las estrellas más brillantes del instrumento rey por excelencia…Iberia permanece a la cabeza de todas y de todos”
3. Existe una versión orquestal de Iberia que contiene ocho piezas del total de doce.

Discografía.
1. Alicia de Larrocha, piano. Decca. 1973.
2. E. Jorda Orquesta filarmónica de Conciertos. Helix. 2000.

1 comentario:

  1. Escuchad esto en Spotify:
    http://open.spotify.com/track/69o7xlxygltPo51zoN49db
    Un hombre capaz de componer algo tan bello ha de ser un genio.

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